RESILIENCIA

La otra oportunidad que nosotros mismos nos podemos y tenemos que dar

La definición de resilliencia es: “Habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva”. (ICCB, Institute on Child Resilience and Family, 1994), aunque este término se introdujo para la física, para la sociedad es un término que representa flexibilidad y valor frente a la adversidad.

Casi siempre se aplica a sobrevivientes de catástrofes, guerras, etc, pero hoy quiero hablar de ella en la medida de nuestras propias experiencias. Resiliencia es un término que aprendí hace unos años como palabra, del que tuve que investigar, del que aprendí del que descubrí, estoy llena de él.

Todos somos resilientes, así lo creo, casi lo decreto, en mayor o menor escala todos tenemos la capacidad, no conozco a nadie sin su propia historia de resiliencia, grande o pequeña, todos hemos aplicado el concepto, aun sin saber de él, puede que lo llamen de otro modo, como orgullo, amor propio, templanza, sobreviviente…no sé, pero todo ser humano tiene la capacidad de reinventarse frente a la adversidad y el que diga que no (espero que nadie), sentémonos a tomarnos un café y cuéntame que te atormenta y te ayudo a salir adelante, porque ¡¡¡TU PUEDES!!!.

Han de saber que se pasa por etapas para ser un resiliente, puede ser en forma consciente o inconsciente, la primera, equilibrarse frente al tema que te provoca el trauma, una especie de “dejemos que la lluvia caiga, nos estamos mojando y puede que nos hundamos en el barro, pero somos conscientes de que nos pasa y nos paso”, después el compromiso frente a uno mismo, desafiarse a superarlo, digamoslo asi “de aquí salgo, puedo hacerlo, no sé muy bien cómo, pero adelante”, valorar, ser positivos frente a uno mismo, decirse y repetirse cuan valiosos somos, no importa lo que pase, recordar lo positivo que tenemos, nuestras habilidades, parientes/amigos que nos aman, etc, no importa cuántas veces el recuerdo amargo de lo que nos hizo caer nos venga a la mente, espantarlo con nuestra propia esperanza, ahí otra clave, no desesperanzarse, creer en nuestro futuro, por propia fuerza o por la fe de que algo superior nos ayudara a salir de ahí, pero siempre tener la esperanza viva, crear un plan de salida al asunto, hacerse responsable de seguir el plan y no hacerse trampas o rendirse, no importa cuán doloroso nos resulte a veces, cuantas puertas se nos cierren, cuantas personas se hagan los ciegos o sordos, ser responsables de ese plan y saber que dentro del mismo, pueden haber cambios, cambios que nosotros mismos consideremos positivos para llevar a puerto nuestro objetivo, pero retroceder nunca, si lo cambias, es para ir adelante, como dice un amigo mexicano “pa’ tras ni pa’ tomar impulso”, aquí muchas veces sentimos que nos vamos hacia atrás, pero no, seguir, seguir y seguir… la parte “divertida” de ser resiliente, la última etapa, es que tendremos que ser creativos, por ejemplo, si perdiste tu empleo, buscas otro y no encuentras, inventarte un pequeño negocio, redescubrir habilidades, si sabes bordar, hace monogramas en toallas, si sabes tejer, has bufandas, si sabes cocer, arregla ropa, si sabes cocinar, prepara galletitas o comida y sal a la calle a vender…. Si no puedes por ti misma, cosa que es posible si estas muy herida en esta pequeña guerra, pide ayuda, pídela de corazón, busca un consejero en tu iglesia, en tu grupo de amigos, en un grupo de ayuda, búscala en serio, golpea puertas… si lo haces, te darás cuenta que ya estás haciendo algo para salir de donde estas, o sea, ya estás dando pasos de resiliente.

Les cuento un testimonio: un día, en un taller de mujeres, hablamos del término, un porcentaje alto ni siquiera sabía que significaba, el pequeño porcentaje del que si sabía, no podía explicarlo, pero si dar ejemplos de su propia vida para explicarlo, recuerdo a Consuelo, ama de casa, maltratada física y psicológicamente por su pareja, perdió a su único hijo por una enfermedad y nunca mas volverá a ser madre, consecuencia de las palizas, ella nos conto su historia, entre lágrimas, nos decía que nada le había dolido tanto como ver morir a su pequeño, le había dolido tanto que se dejo maltratar por años, casi culpándose, se sentía responsable, de eso y de no poder gestar otra criatura, un día se dio cuenta y dijo ¡Basta! dejo a su agresor, pero no fue suficiente, seguía ahí, estancada, su terapeuta le recomendó hacer algo ¿algo?, si, pensar en que hacía antes de todo lo doloroso, algo que no hiciera hace mucho tiempo, para que se mantuviera “ocupada”, se creyó sin habilidades, en la casa de acogida en la que estaba, se abrieron dos talleres, uno de ellos, era de arte, varios artistas locales, en varias disciplinas distintas las visitaron, mezclaron la poesía con la pintura, los hilos y la música… Consuelo recordó que su abuela le había enseñado a pintar manteles, y tomo un pincel y se largo a llenar lienzos, los primeros de colores oscuros, aunque hermosos de todos modos, pero pronto los llenó de colores alegres, bellas acuarelas de flores, sendas telas llenas de vida, paría a montones hijos y nos dijo, que se había reinventado con los colores, con las texturas, hoy expone en un colectivo, vende sus cuadros, pinta retratos y murales infantiles, hace manteles a pedido, da taller a otras mujeres… Esa era su historia, todas la abrazamos y agradecimos su ejemplo de vida y fortaleza.

Creo que no tengo que agregar otros ejemplos, a partir de Consuelo, pueden descubrir sus propias historias de resiliencia, con la mía descubrí que poderosa mujer soy, que fuerte soy, que valiente soy, pero eso lo saben todos los resilientes cuando se dan cuenta de que lo son, no me importa lo que los demás piensen de mi, aprendí quien soy y de lo que por ahora soy capaz, por que antes no lo sabía y ahora tampoco sé cuál es el límite y aunque no quiero comprobar cuanto puedo soportar, se que siguiendo sencillos pasos, puedo volver a empezar, por que SIEMPRE SE PUEDE VOLVER A EMPEZAR

Carolina González Velásquez
Escritora

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