Sanada a través del arte


El arte es mucho más que una alegoría estética de sentimientos, pensamientos o creencias, es también un medio de liberación, un estado de conexión con nuestro yo más íntimo, con seres celestiales, otros planos o las musas, pero es una conexión con otro mundo, eso es indudable.

La palabra es una herramienta fundamental en la sanación, podemos decretar la mejoría y ayudar al universo para sanarnos, podemos comunicarle a nuestro doctor y que el prescriba la medicina, podemos hacer muchas cosas a través de la palabra, herir, levantar, destruir, construir…

¿Dónde voy con tanta palabrería? A una realidad vivida por mi y que poco a poco logro inculcar a otras mujeres… Me explico:

En el mundo es una realidad que la violencia ha aumentado y al interior de nuestros hogares el asunto no es distinto, alarmantemente aumentan los femicidio, parricidios, violaciones, pedofilia, todo dentro del lugar que tendría que ser el más seguro del mundo.

Hoy me referiré a la violencia contra las mujeres, por ser mi “área de trabajo” por así decirlo, en cualquiera de sus formas, (tal vez un día me dedique a diferenciarlas para quienes leen estas notas), una vez que la víctima trata de romper el circulo de la violencia, se ve desprotegida, alejada de la persona que es ella misma, con la autoestima mas debajo de la planta de sus pies y dolorida hasta la última de sus fibras. Hablo con la convicción de quien ha padecido violencia doméstica.

La palabra, como otras artes, ha sido fundamental en mi, para romper ese círculo al que entre en más de una ocasión llevada por mi falta de ¿compromiso? conmigo misma o la carencia de auto estima, la palabra fue la que me llevo al redescubrimiento de mi vocación de artista, de voluntariado a prueba de todo.

Durante mi tratamiento me negaba a hablar, hablar me provocaba demasiado dolor, un dolor que nacía de la vergüenza de darme cuenta que lo padecido era a causa de mi falta de decisión, de cooperación de mi entorno, de la falta de formación en mis derechos, de una sociedad que esconde todo lo que puede ayudar a otros o que simplemente te da la espalda para no ver lo que es evidente o la FLOJERA de ayudar al otro.

Siempre me gustó la palabra, mi analista me instó a retomarla, ya antes un amigo me había convencido de aquello, pero mi baja autoestima decía que lo que yo hiciera carecía de valor.
Comencé a tener la necesidad de vaciar mi alma, entonces comencé a llevar una especie de diario, diario que se transformó en un cuaderno de cuentos y poemas, poco a poco fui sacando todo el dolor, la angustia, mi necesidad de amar, mi visión del mundo… hasta que dejo de dolerme, hasta que se transformaron en cosas hermosas, hasta que encontré el verdadero valor de mis palabras, que no tiene que ser necesariamente el valor que le dan mis lectores, el valor que YO les doy.
Retomé un día mi sueño de ser escritora y ya no me importó regresar al ser que tanto daño me había causado, mi dependencia a ese ser se había transformado en una dependencia a mi misma, mi propia capacidad creadora.

Tras lograr mi sueño, tal vez un tiempo antes, me di cuenta que con mi arte había dejado una pequeña huella en un grupo de mujeres, que al igual que yo, venía saliendo de ese circulo maldito de ser víctimas de violencia intrafamiliar. Comencé a instarlas a vaciar el alma en el papel, a crear sus propias nuevas historias, a transformar las cosas que imaginaban para su futuro en historias, poco a poco, ellas mismas, comenzaron a imaginar más y más cosas y a escribirlas, la palabra las estaba sanando también a ellas. Con mi ejemplo fueron avanzando y dejando atrás todo el daño, una gran responsabilidad para mi, no podría recaer, por ellas y un gran apoyo para mi, no me dejaba recaer, por mi.

Hoy por hoy voy predicando a otras mujeres, que como yo han sido víctimas de violencia intrafamiliar, que el arte sana, alejar la mente del cotidiano para centrarse en el espíritus creador, conectarse a uno misma y vaciarse en los materiales.

Mi idea principal es que se vacíen en la palabra, es el arte que yo manejo, el que conozco y el que me ayudó, ya de ahí ellas tomarán la herramienta que más le acomode… de mis primeras pupilas de taller (que no es literario, ni de creación literaria, pero por ahí va), ya hay una que ha expuestos su trabajo, unas pinturas maravillosas cargadas de color, otra de ellas ya tiene un taller de bordado y costura y así, el macramé, la costura o simplemente, retomar estudios abandonados… a través de la palabra, cada una irá descubriendo, su propia capacidad de vivir.

Soy una ferviente creyente de que el arte sana, a mi me sanó el alma y la autoestima, sanó mi relación con el mundo, con las personas, con mi nueva pareja, sanó mi capacidad de entrega y sanó a muchas de las que ahora son mis amigas.

Inténtenlo, tal vez les sane a ustedes también.



Carolina González Velásquez
Escritora



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